Desde que adquirí uso de razón, tengo constancia en mi ya larga trayectoria por la vida, que ninguno de los gobiernos que tenido que soportar, se preocupaba por el coste de los alimentos.
La enorme diferencia entre lo que les pagan a pescadores, agricultores, ganaderos y el que cobran a los consumidores.
Cada uno de estos sectores padece muchos riesgos durante todo el año, para conseguir que sus productos lleguen al consumidor final; tempestades, granizos, heladas, sequías, inundaciones, etc. no aseguran de ninguna manera sus productos finales.
Las diferentes “mafias”, intermediarios y algunas grandes superficies, les someten a unas “extorsiones”, recibiendo pagos incapaces de cubrir costes de producción, en otros casos, determinados productos son dejados en depósito en las grandes superficies y cuando están vendidos, les pagan, existen como es lógico muchas variantes, según productos y vendedores. Esto que manifiesto es de dominio público, no revelo ningún secreto.
Si los gobiernos de turno se preocuparan de los ciudadanos en esta cuestión tan fundamental, costes de 0’20 céntimos de euro por Kg. de producto, se venden a 1’20 €. Controlando adecuadamente, los productores podrían obtener 0’60 € y los consumidores podríamos comprar dos Kg. por el mismo precio actual.
Resultados inmediatos, doblar el poder adquisitivo de los ciudadanos, aumentar el beneficio de agricultores, ganaderos, pescadores, etc. En consecuencia protección de la agricultura, se evitaría la desaparición de zonas agrícolas, ganaderas, también mejorarían las situaciones de los pescadores, todo ello tan importante para un país, creación de empleo y protección de muchas familias que en estos momentos tan difíciles, se encuentran en estado de pobreza y sin solución a corto plazo, para solucionar sus problemas.
Encuentro muy normal que se produzcan grandes protestas, pero no las huelgas tal como se realizan.
Artículo 28. De la Constitución, punto 2.
2. Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses.
La defensa de unos intereses, no puede ni debe impedir que los demás ciudadanos se vean afectados por interferencias también en sus intereses; corte de carreteras y autopistas, muchas veces acompañadas por actos violentos, destrozos de autobuses, puertas y maquinaria de las empresas afectadas.
Lamentable es que los gobiernos no actúen impidiendo todos estos actos.
Más lamentable es aún, que los agricultores para defender sus intereses, lancen frutas, verduras, avellanas, patatas, tomates, cereales, leche, etc. cuando hay tanta hambre en el mundo, y también España.
La Fundación Banco de Alimentos de Barcelona, recoge lo que diferentes entidades le suministran para atender estas necesidades. También existen en otras ciudades bancos análogos. Caritas Diocesana también actúa en este sentido facilitando ayudas a necesitados.
Esta forma de destruir alimentos no sólo me parece inhumana, sino también delictiva.
Mientras tanto la ciudadanía crítica, pero calla, y las autoridades que debieran impedir que estas huelgas afectaran al resto de ciudadanos, al parecer no les preocupan, quizás las actuaciones policiales deterioran su imagen, especialmente porque ciertos políticos y medios de comunicación se aprovechan de cualquier acontecimiento para degradar la imagen del gobierno de turno.
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jueves, 26 de noviembre de 2009
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